Los números, sus significados y lo que éstos podrían ocultar siempre han obsesionado a los seres humanos. Por eso no es de extrañar que desde la más remota antigüedad hayan aparecido sabios en diferentes civilizaciones con intenciones de desentrafiar los mensajes detrás de los valores numéricos.

Aparentemente, ya en la Mesopotamia, había una suerte de culto por los números, debido a que en esta cultura tenían a sus dioses numerados. Se estima que ése fue el nacimiento de la numerología, es decir, la ciencia que estudia lo que hay detrás de las cifras.

Pero es Pitágoras, el brillante pensador y filósofo, quien esboza los principios básicos de lo que se conoce como la numerología moderna. Según Theon de Smyrna, los pitagóricos veían los números como la fuente de la forma y la energía del mundo.

Paralelamente, los hebreos comenzaron a desarrollar la teoría de la gernatria, que asocia cada letra de su alfabeto con un número, a partir de la cual se empezó a analizar la Biblia desde un punto de vista meramente numerológico. En la actualidad, la gematria es la base de la Cábala, una ciencia a la que sólo puede acceder un grupo muy selecto de eruditos que estudian las sagradas escrituras. Los números de la gematria van del 1 al 22, ya que el alfabeto hebreo tiene esa cantidad de letras. Las letras del alfabeto griego, en cambio, se numeran del 1 al 9 y se dividen en tres series, dando forma a lo que se conoce como numerología pitagórica.

Si bien los primeros teóricos atribuyeron una serie de cualidades a cada uno de los números, el cuerpo de la numerología ha sido desarrollado a lo largo del tiempo a través del estudio empírico de los ciclos de la vida de los seres humanos. En la actualidad, éstos son los significados de las cifras originales mayormente aceptadas:

Uno: Independencia.

Dos: Pareja.

Tres: Comunicación.

Cuatro: Esfuerzo.

Cinco: Movimiento.

Seis: Sentimiento.

Siete: Sabiduría.

Ocho: Acción.

Nueve: Dedicación.

Las razones por las cuales habitualmente se utiliza la numerología son ve­rificar la compatibilidad de una pareja, el fijado de una fecha para una bo­da o un evento, la selección de un nombre para un recién nacido o la necesidad de conocer aspectos de la propia personalidad, entre muchos otros.