Evolución de la astrología en Gran Bretaña

Gran Bretaña es el único país occidental donde no se produjo una ruptura del siglo XVIII, al menos con la misma intensidad que en el continente. El interés por la astrología disminuye, pero una serie ininterrumpida de publicaciones y actividades dan fe de una continuidad entre el siglo XVII y la época moderna. Este interesante y único fenónemo merece nuestra atención; ya se vetan sus consecuencias, que se extienden hasta nuestros días.
Desprovistos de prejuicios ideológicos o de pretensiones de justificación teórica, los astrólogos ingleses perduraron. Esta sorprendente continuidad parece ex­plicarse por el predominio del empirismo en los espíritus y también probablemente por la estabilidad social y política. Ya en la segunda mitad del siglo XVII, Londres publíca más manuales de astrología y efemérides que todos los países europeos juntos. A pesar de cierta dismi­nución en los primeros decenios del siglo XVIII, los ingleses cultivados continúan practicando la astrología. El gran público sigue creyendo que los astrólogos pue­den predecir el futuro, creencia mantenida por los almanaques publicados por la “Stationers’ Company”, antiquísima corporación medieval que aún prospera en la City de Londres. Conocidos astrólogos, como Wi­lliam Lilly, John Gadburry, William Andrews, John Partridge y otros, componen almanaques y efemérides de amplia difusión. El célebre almanaque Vox Stellarum, de Francis Moore (1657-1715) se publicaba aún en 1896 (el copyright se vendió en 1927). Se citan tiradas de elevado número: 107.000 en 1768, 393.000 en 1808, 560.000 en 1839). Está orientado al gran público y no contiene ninguna indicación para la formación astrológica. Podemos mencionar al menos tres estudios publicados sobre Napoléon (1805 y 1814). Como nadie conocía su hora de nacimiento, se utilizó el principio de las “rectificaciones”: los autores coincidieron en situar el nacimiento por la mañana, aunque en horas diferentes.
En 1827, Smith publica un nuevo almanaque predictivo, The prophetic Messenger, que viene a competir con el precedente. Bajo el seudónimo de Raphael, la obra iba a perdurar, prolongándose hasta nuestros días; la tabla de casas citada en este volumen lleva ese nombre. Hallamos en Inglaterra, en efecto, las primeras tablas astrológicas de los tiempos modernos. Muerto Smíth, otros autores continúan publicando el almanaque bajo el mismo seudónimo de Raphaél. Pronto aparece un nuevo competidor, curiosísimo personaje llamado Morrison que adopta el seudónimo de Zadkiel y crea el Zadkiel almanac en 1836. La tirada es mucho menor que la del Vox Stellarum, pero los lectores y el contenido son un tanto diferentes. Sin embargo, los dos almanaques ofrecen predicciones anua­les, expresadas con la suficiente vaguedad como para que puedan cumplirse, y artículos sobre las perspectivas astrales de los miembros de la familia real y de las personalidades de la época.
Morrison establece, por ejemplo, el horoscopo de la princesa Victoria, nacida el 21 de septiembre de 1840; una respuesta le informa que “su Alteza real tuvo la dicha de aceptar el horoscopo de la princesa real”, lo cual habla del clima que reina entonces en Inglaterra, tan distinto a uno y otro lado del Canal de la Mancha.
La época victoriana (reinado de la reina Victoria: 1838-1901) es rica en publicaciones astrológicas de carácter popular; se ocupan de astrología honorabilísimas personas. Morrison, a quien volvemos a referimos, teniente de navío de la Marina real y hombre de notable instrucción, es bien conocido por la buena sociedad londinense. Durante largo tiempo oculta bajo su seudónimo sus múltiples actividades astrológicas, lo que le resultaba probablemente conveniente a pesar de la tolerancia que reinaba. Aspiraba a que se legalizara la profesión de astrólogo que, aunque provista de un amplio derecho de ciudadanía, seguía expuesta a la amenaza jurídica del “acta sobre la vagancia”. Recordaba en efecto que numerosas personas cultivadas y de gran prestigio social aprendían astrología y tenían domicilio fijo. Intentó además organizar la profesión de astrólogo mediante la creación de un diploma en pergamino con el sello de la “Asociación británica para la ciencia as­tral”, que todo buen astrólogo erudito tenía la obligación de poseer.
El episodio más notable de la vida de Morrison fue sin duda el de la muerte del príncipe consorte Alberto, marido de la reina Victoria. En el almanaque Zadkiel de 1861 leemos que la posición estacional de Saturno en ese año sería “pésima para todas las personas naci­das el 26 de agosto o después de esta fecha; entre los contrariados, lamento ver al valeroso príncipe consorte … “. Ahora bien, el príncipe consorte muere el 14 de diciembre de 1861, lo cual impresionó a la opinión pú­blica. El Daily Telegraph ataca a Zadkiel en enero de 1862: se pide el nombre del redactor de la predicción. Un almirante denuncia a Morrison, quien inicia contra él un proceso por difamación … y lo gana, logrando con ello una marcada publicidad. El hecho es ahora único en Europa: personas cultivadas (educated people) se dedican a la astrología. Es el caso, por ejemplo, de W.J. Simmonite de Sheffield, quien, alternando con su trabajo de médico y docente. recibe una abundante clientela astrológica y escribe obras de iniciación. Su postura es la de un espíritu cien­tífico y su técnica se apoya en la matemática. Parece ser el primero, en el siglo XIX. que no se contenta con reproducir las fórmulas del XVII. Al igual que Morrison, en 1839 Simmonite es nombrado miembro de la Sociedad Meteorológica de Londres. Precisamente en el período 1830-1860, la astrometeorología despierta máximo interés. Citemos también a T. Oxley y a E. V. William entre los astrólogos de procedencia científica de los que el ocultismo y la tradición estrecha reniegan.

Oxley, oriundo de Liverpool, se establece en Londres, donde enseña matemática y astrología. Junto con William, su alumno, se especializa en el dibujo, fabricación y venta de planisferios y de planos de máquinas varias.
Durante el período victoriano se editan numerosos manuales astrológicos, entre ellos los dos volúmenes de Text-book of Astrology, de Pearse, publicados en 1879-1889 y reimpresos en 1911; así como la Guide to Astrology, de R.T. Cross, publicado en 1877-1879, que sucede a los voluminosos Complete Dictionnary of Astrology de J. Wilson (1819) o Celestial philosophy or genethliacal astrology de Worsdale (1824).
Al final de este período aparecen en la escena de la astrología inglesa un fenómeno y unos personajes nue­vos. Se trata del movimiento “teosófico” creado por la señora Blavatsky, cuya repercusión en Alemania vamos a comentar, y de un astrólogo de tendencia a la vez esotérica y comercial: Alan Leo (seudónimo de W. F. Allen) (1860-1917).
Para comprender la interferencia europea entre el movimiento teosófico y la astrología será necesario un breve recorrido histórico. El movimiento esotérico aludido nace en Nueva York en 1875. Creado por un grupo, dirigido por la se­ñora H. P. Blavatsky (nacida en Ucrania en 1831, de fa­milia noble), la iniciativa alcanzó un éxito asombroso en los países germánicos y anglosajones. A su instiga­dora se le ocurrió la idea por un encuentro con un príncipe hindú en Londres. Su principio se apoya en una fraternidad y una religiosidad generales, en cuyo seno toman lugar concepciones cósmicas esotéricas.

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