27 de Febrero

El día de los maestros de la realidad

La aguda perspicacia de los nacidos el 27 de Febrero les permite conocer el funcionamiento de lo que los rodea. Suelen poner mucho empeño en comprender los elementos básicos de la vida cotidiana —cómo funcionan las cosas, por qué la gente actúa de una manera o de otra, cómo aprovechar su entorno—, pero ésos son sólo los pasos iniciales, pues más adelante su espíritu inquisitivo los llevará a investigar también las esferas sociales, nacionales y universales. Confiados en los conocimientos que adquieren en cada etapa y en las experiencias que acumulan, pueden lanzarse a explorar cosas nuevas y gradualmente más complejas.
Por lo general es en su vida personal donde tienen las mayores dificultades. Como son individuos extremadamente exigentes y no suelen escoger las relaciones que más les convienen, su vida amorosa puede ser turbulenta, cuando no caótica. Por alguna razón, a pesar de la comprensión que tienen de su entorno y de su capacidad para desenvolverse bien en él, es sorprendente lo poco que saben de sí mismos fuera de lo que creen querer. Les cuesta distinguir entre lo que quieren y lo que verdaderamente necesitan, y es de desear que logren hacerlo lo más pronto posible, porque sólo cuando satisfagan sus verdaderas necesidades podrán llevar una vida emotiva más estable y feliz. Como suelen pensar con demasiada frecuencia que otra persona puede resolverles los problemas, ponen demasiada vitalidad en sus relaciones amorosas, en lugar de buscar la solución en los planos más profundos de su fuero interno. Dadas sus necesidades emotivas, no suelen pasar mucho tiempo deprimidos entre una relación y otra, pero les haría mucho bien pasar una temporada sin tener ninguna, porque gracias a su carácter reflexivo y sensible pueden hacer verdaderos progresos personales sin ayuda de nadie.
Sus momentos más felices son aquellos en los que pueden dejar que su mente salte libremente de un tema a otro, un ejercicio mental que también suelen exigir de sus amigos o compañeros intelectuales. Es frecuente que luchen con su entorno social para dominarlo o acaso para darle una nueva orientación. Como su necesidad de dominar es muy grande y su magnetismo se cuenta entre los más fuertes de todo el año, es necesario que procuren no amedrentar a quienes los rodean.
Cuando estos individuos se desorientan moralmente, pueden ser muy destructivos, tanto consigo como con los demás. Su capacidad para ver la verdad y para que sus deseos se hagan realidad, mediante una extraña combinación de empatia y fuerza de voluntad, les supone grandes retos de orden ético y moral.

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